Ramon Folch: socioecólogo

Soy socioecólogo, disciplina que formalmente no existe. Empecé a ejercerla, haciendo camino al andar, en 1968, año en que me licencié de biología en la Universitat de Barcelona. Luego, en 1976, me doctoré en ecología vegetal (una aberración: la ecología no puede ser sólo vegetal). He sido profesor universitario (UB, ICT, UNESCO-FLACAM en Barcelona y en La Plata) y presidente del Consejo Social de la UPC, director de los servicios ambientales de la Diputació de Barcelona primero y de la Generalitat de Catalunya después, consultor ambiental de la UNESCO (París) y de las Comunidades Europeas (Bruselas, cuando aún no eran la Unión Europea y España no formaba parte de ellas), profesional liberal (un montón de países africanos y latinoamericanos, más algunos europeos) y, a partir de 1994, director general de mi propio estudio (ERF), un taller de proyectos ambientales y gestión socioambiental. Soy miembro de alguna academia, lo que me hace ilustrísimo de por vida. He publicado una veintena de libros y he dirigido dos enciclopedias de mi ramo y varias series de televisión y exposiciones de un cierto renombre. Tengo dos nietos, cuyo padre –físico, como su mujer, y doctor en matemáticas‑ no es hijo de mi actual compañera ni de la anterior, sino de una tercera con quien estuve casado una docena de años. Nací en Barcelona, en 1946, en el seno de una familia obrera, sin tradición universitaria, culta, republicana, catalanista y con antecedentes libertarios. Trato de entender lo que pasa a mi alrededor y no empeorarlo.

¿A qué te dedicas? ¿Cómo es tu trabajo?

Dirijo un equipo multidisciplinar de una veintena de personas que se comportan transdisciplinarmente (o sea, que no suman sus diferentes destrezas en el campo de la ecología, de la arquitectura, de la ingeniería y de la comunicación, sino que las intersecan, que es muy distinto). Elaboramos estudios, dictámenes, planes maestros y proyectos de carácter ambiental y territorial, con un fuerte componente estratégico. Nos situamos en las fases iniciales de los procesos de conocimiento o transformación, de modo que contribuimos a la toma de decisiones y a la redacción de los anteproyectos y proyectos ejecutivos, cuando es el caso. Nos aproximamos holísticamente a los temas, de modo que integramos consideraciones sociales, ambientales y tecnológicas, con expresa inclusión de las interfaces comunicativas (sin ellas, el proyectista trabaja ignorando muchos componentes de la realidad y el usuario comprende mal las razones y las intenciones del proyectista).

¿Cómo llegaste a hacer este trabajo?

Comencé dando dando clases de botánica fanerogámica a finales de los sesenta… Buscando el quid pro quo, pasé a la ecología y luego a la gestión ambiental hasta llegar a la socioecología, que viene a ser un invento mio. Todo ello, ejercido desde la academia, desde la administración pública, desde la cooperación internacional o desde la práctica privada, me llevó a la transdisciplina y al sostenibilismo. Entiéndase que siempre en términos tecnocientíficos, no de especulación redentorista. Las afectaciones territoriales del urbanismo y las demandas constructivas en materiales y energía me llevaron a relacionarme con la arquitectura, hasta el punto que, en la actualidad, la mitad o más de mis relaciones profesionales son con arquitectos y urbanistas.

¿Qué aportas a la arquitectura o a tu trabajo que no pueda hacer un arquitecto?

Para empezar, ayudamos a los arquitectos a entender lugar (condiciones climáticas y meteorológicas, comportamiento de substratos, valoración de vegetación y fauna, ciclo local del agua, inmisiones lumínicas y energéticas, etc.). Luego analizamos su concepto o anteproyecto y sacamos balances de ciclo de vida de los materiales básicos, comportamientos energéticos, demandas de agua, respuestas de iluminación, saludabilidad, verde arquitectónico, etc. Modelizamos y simulamos lo que haga falta y sugerimos modificaciones a incorporar en los proyectos básicos, sea en términos de materiales, de soluciones constructivas o incluso de programa, de aprovechamiento de la luz natural, de orientaciones, de aleros y estructuras pasivas relacionadas con la insolación, de instalaciones, de ajardinamientos, de ciclo del agua, de previsiones deconstructivas, etc. También cumplimentamos procesos de certificación socioambiental (LEED, Bream, etc.). Lo propio puede decirse de los planes urbanísticos, con los cambios escalares y conceptuales que son del caso. En realidad, hemos llegado a ser nosotros quienes lideremos el planeamiento urbanístico, con los equipos de arquitectura bajo nuestra dirección (caso del PDU del Pla de l’Estany). Todo eso lo puede hacer un arquitecto, por supuesto, como también podría actuar de calculista de estructuras y no lo hace.

¿Crees que la arquitectura interesa solo a los arquitectos?

La arquitectura interesa más o menos a todo el mundo, como la música o la economía. Interesa a todos o, por lo menos, a todos concierne. Otra cosa es que todo el mundo tenga los mismos niveles de competencia. Por otra parte, se diría que a algunos arquitectos no les interesa tanto la arquitectura como la fama. La arquitectura, a mi juicio, es el arte y la técnica de crear diferenciales ambientales gratificantes y por eso levantamos edificios (para protegernos de lo que nos incomoda) y también por eso los resolvemos con arreglo a determinados criterios estéticos (que forman parte de la gratificación ambiental). La arquitectura, pues, es un caso particular de la ecología (como la medicina lo es de la zoología). Si la arquitectura rescatara esa condición hipocrática, no solo interesaría más, sino que levantaría pasiones…

¿Cómo valoras tu relación con los arquitectos?

Muy positivamente. Con los arquitectos aprendí a proyectar, además de diagnosticar. Los ecólogos tienden (tendemos) a comprender el funcionamiento de los sistemas, no a llevarlos por donde nos conviene. Los tecnocientíficos suelen incurrir en el defecto contrario: transforman cosas sin haber antes entendido cómo funcionan (y por eso a veces las transforman tan eficazmente como mal). Hasta mi actual cuñado es arquitecto, a tal extremo he llegado…