Jesús Granada, fotografía de arquitectura

Nací hace 35 años en Linares (Jaén) y en el año 1992 me desplacé a Sevilla para iniciar mis estudios de arquitectura. Ya llegaba con dos grandes aficiones en la mochila: la pintura y la fotografía. Esto condicionó de algún modo mi visión y mi formación. Jamás egresé de la Universidad y espero hacerlo como actividad que inaugure mi etapa de jubilación.

¿A qué te dedicas? ¿Cómo es tu trabajo?

Fundamentalmente hago fotografías a las obras de arquitectos que me contratan. Ampliando un poco más la respuesta, diría que procuro extraer de la cabeza de los arquitectos, imágenes que ellos tienen de su edificio y además propongo visiones nuevas sobre el mismo que a veces les ayudan a reconciliarse a ambos. Es una especie de exorcismo por el que atrapo en un papel y a través de una caja oscura, la esencia de su arquitectura.

La particularidad más destacable del fotógrafo de arquitectura es la de la responsabilidad que recae sobre nosotros. El momento en el que fotografiamos la obra se supone que es el óptimo en la vida del edificio, así que ha de ser todo perfecto. Años y años de trabajo, sinsabores, satisfacciones y decepciones del arquitecto quedarán atrapados en esa imagen que has de fabricar. Ha de ser perfecta, sublime, oportuna, no redundante, exclusiva. Será la representación de esa realidad espacial compleja, reducida de su tamaño real y tridimensional a un tamaño minúsculo y bidimensional, la que en un futuro represente las ideas del arquitecto.

Es un proceso traumático.

El fotógrafo de arquitectura es un experto en espacios y traumas.

¿Cómo llegaste a hacer este trabajo?

En principio, era simplemente aficionado y usaba la fotografía como una herramienta más de estudio, pero profesionalmente empecé por necesidad. La verdadera crisis la sufrí cuando el tercer año de carrera me tuve que poner a trabajar para pagarme mis estudios. A mi padre lo jubilaron con cincuenta años y mi madre era ama de casa. Me tuve que poner a hacer lo mejor que sabía hacer y era fotografiar arquitectura. Me pagué mi formación como fotógrafo en laboratorio y de cámara técnica, fregando el suelo de una imprenta, inodoros incluidos. Compraba las placas y película como podía, iba a hacer los reportajes en autobús o haciendo dedo, me prestaban o alquilaba las cámaras que usaba al principio una Mamiya RB67 y luego una f1, hasta que al cabo de unos años me pude comprar mi primera Sinar f2 y al poco tiempo empezaron a aburrirme mis estudios. Me planté justo antes de mi fin de carrera y empecé a hacer 80000 Kilómetros al año y hasta hoy, que por fortuna me siguen llamando arquitectos y editoriales para colaborar con ellos.

¿Qué aportas a la arquitectura o a tu trabajo que no pueda hacer un arquitecto?

Sería algo vanidoso responder que aporto algo a la “arquitectura” en general. Aporto fotografías, evidentemente, pero sobre todo aporto un conocimiento técnico que el arquitecto no tiene. Creo que muchos de los arquitectos con los que trabajo son grandes fotógrafos, pero sin cámara. Saben perfectamente lo que quieren obtener en una fotografía pero no saben hacerla. Como toreros de salón a los que lo único que les falta es ponerse frente a un buen murlaco.

Suponiendo que las fotografías han de ser excelentes y el resultado satisfactorio, el valor añadido que realmente desconocen y por el que más atraídos se sienten es por el de mi figura de agente o difusor de obras de arquitectura. La relación con los editores especializados, la actividad en internet (cada vez más importante) la correcta ubicación de sus obras en buscadores o editadas simplemente en un buen catálogo, son valores añadidos de los que les cuesta mucho encargarse.

¿Crees que la arquitectura interesa solo a los arquitectos?

No.

La experiencia que tengo a través de mi blog, es que la arquitectura interesa a mucha gente más de la que pensamos. Creo que el formato del mensaje es fundamental, la forma de contar las cosas es la clave. También en “ la arquitectura” como concepto, cabe todo, caben muchas cosas y habría que acotarlas para dar una respuesta más precisa.

¿Cómo valoras tu relación con los arquitectos?

Fundamentalmente con el paso de los años la resumo con una palabra: 'respeto'.

He aprendido a respetar el esfuerzo que hay detrás de cada obra construida, sea un kiosko de prensa o sea una estación de trenes. El mismo esfuerzo hace un arquitecto con su primera obra o un estudio de prestigio internacional con cincuenta personas. Es un esfuerzo al que procuro responder con todo el respeto y profesionalidad que soy capaz de dar. Solamente así consigo una respuesta simétrica.

De todos lo arquitectos que han confiado en mí lo más valioso que tengo es el respeto que ellos tienen a mi trabajo.

A esto alguien más ilustrado lo llamaría simbiosis.