¿Es esto el futuro de la arquitectura?

Tengo que admitirlo, cuando leo titulares pretenciosos que ofrecen supuestas revelaciones o tendencias sobre la arquitectura en medios generalistas suelo evitar leerlos. Me ponen de mal humor por el daño que hacen. Cuando lo escriben pretendidos gurús, todavía más. La noticia "El futuro de la arquitectura" (El País, 22/01/11) tenía todos los números para que jamás la hubiese leído.

Sin embargo no fue así. Dado que el pasado miércoles asistí a una conferencia de Cameron Sinclair1 en la que reivindicaba construir para la gente que no se puede permitir el lujo de pagar un arquitecto, que él la cuantificaba en un 95% de la población (sumando a los pobres y a los que están en el umbral de la pobreza). Pensaba que el texto trataría de eso, pues si la arquitectura tiene un futuro ahora que hay crísis en el sector de la construcción, ahora que ha dejado de ser un bien de consumo rentable, pasaría por ampliar el ámbito de actuación y abrirlo a quien siempre se le había negado. Sin embargo nada más lejos de la realidad. El escrito lo firma Norman Foster, un arquitecto que a pesar de sus orígenes humildes, su compromiso parece no ser otro que el dinero, por mucho que realice documentales sobre él mismo promulgando valores como la sostenibilidad ambiental. El texto, clasificado como "reportaje" (imagino que no tanto por su calidad, sino por su firmante o por su tamaño, no en vano tiene 23.000 caracteres, aproximadamente 5 din A4), empieza mal con frases como esta:

[...] los países que consumen mucho, como Estados Unidos, los países europeos y Japón, tienen mayor esperanza de vida, menor mortalidad infantil, una educación más extendida y más libertad política que los que consumen menos energía, como China, India o Afganistán. El aumento del consumo energético se traduce asimismo en la reducción de los índices de natalidad, un factor importante de estabilización en un planeta con recursos limitados. Podría incluso decirse que existe una obligación moral de lograr que haya un aumento drástico del consumo energético en los países en pleno desarrollo.

No, si ahora resultará que la mayor parte de problemas se deriva de que en los países pobres no solo no se consume toda la energía que se consume en el norte sino que están demasiado ocupados procreando (quizá por eso consumen poco), favoreciendo así a la superpoblación mundial. Se olvida el Sir que los recursos son finitos, que seguramente si consumen poco no sea por gusto, sino porque otros (nosotros, los de los países del primer mundo) consumimos también su parte del pastel. Se olvida de que la esperanza o la calidad de vida no dependen tanto de consumir sino de cubrir las necesidades vitales. Y se olvida también de que si todos consumiésemos lo mismo que EEUU harían falta varios planetas Tierra para satisfacer nuestras necesidades. Lo que sigue a continuación mejora un poco en sus argumentaciones (había empezado realmente mal) y Foster, después de hablar de coches, aviones, sostenibilidad y energía (¡qué sorpresa!) se plantea tres preguntas cuyas respuestas deben dar indicios de cómo será la arquitectura del futuro. A saber:

La primera está relacionada con el diseño de esas ciudades nuevas que están creándose desde cero. ¿Qué forma deben adoptar, si tenemos en cuenta las cosas que han superado, o no, el examen de la historia? La segunda perspectiva afecta a nuestras ciudades actuales. ¿Cómo se adaptan a los nuevos desafíos ambientales? ¿Cómo las modernizamos para adaptarlas a los cambios y las nuevas necesidades ya visibles? La tercera pregunta se refiere a las zonas residenciales de las afueras, las interminables redes de carreteras y la extensión sin fin de los barrios poco poblados a los que sirven. ¿Qué futuro tienen? Aunque restrinjamos su proliferación, sigue existiendo la realidad de su presencia actual. ¿O también ellas están transformándose empujadas por las fuerzas del cambio?

Sorprende que el futuro de la arquitectura dependa de dar respuesta a estas tres preguntas, ¿no? Uno, que empieza a conocer lo que se cuece en el mundillo, no puede dejar de notar detrás de ellas cierto tufo a  allanarse el camino para auto-justificar sus últimas intervenciones para gobiernos de países que se distinguen entre otras cosas por su falta de ética y de sensibilidad ecológica. Pero sigamos... La primera pregunta, y más tal y como está planteada no deja de ser risible: ¿cómo ha de ser el diseño de "esas ciudades que están creándose desde cero"? ¡Como si se estuviesen creando nuevas ciudades contínuamente, Sir Foster? ¿Pero en qué mundo vive? ¿Acaso no se ha dado cuenta de que, afortunadamente, son pocos, muy pocos quienes reciben el encargo de hacer una ciudad ex-novo? ¿Acaso no es una contradicción hablar de sostenibilidad y acabar planteando la creación de una ciudad, que por definición son insostenibles? Pero claro... imagino que había que justificar la creación de Masdar, la ciudad "que estamos llevando a cabo con estudiantes"  (como si hacerla con estudiantes fuese garantía de nada -más allá de mano de obra barata) que para más señas está ubicada en el desierto de Abu Dhabi (¿querías sostenibilidad? ¡Pues dos tazas! Hagamos una ciudad allí donde las condiciones son menos favorables). La segunda y la tercera preguntas son, a mi juicio, mucho más interesantes por las implicaciones reales que pueden tener en la manera de habitar del futuro cercano. Lástima que a la segunda le dedique apenas un insuficiente párrafo (a la anterior -más inverosímil- le había dedicado varios más)  y que en la respuesta de la tercera pregunta se vislumbra claramente que en realidad quien tiene más que decir al respecto no es tanto la arquitectura como tal sino el planeamiento y sobretodo una política de transporte y energías claras. Uno, como arquitecto y como persona comprometida que es, no puede dejar de pensar una vez más que qué papel jugamos en esto. Pero es que Foster parece tener preguntas, que no respuestas, para todo, y termina con un párrafo ciertamente interesante y pertinente (y esta vez lo digo en serio) que dice:

En todos estos debates, ¿qué futuro tiene el arquitecto? Aislado, el arquitecto no tiene más poder que el de tratar de convencer. Si embargo, a diferencia de otras profesiones especializadas, el arquitecto puede tener una visión más integral y puede desempeñar un papel más crucial dentro de los equipos multidisciplinares que se necesitarán para abordar estos temas en el futuro. ¿Será posible que esos equipos salten a primer plano y evolucionen a través de una colaboración entre el sector privado y los políticos en forma de unas consultorías de nuevo tipo que no existen en la actualidad? ¿Es posible que esas consultorías se desarrollen a partir del mundo de la arquitectura, o saldrán de la ingeniería? Yo tengo mi propia opinión al respecto, pero eso será tema de otro artículo. En cualquier caso, es un desafío apasionante.

Parece que el futuro de los arquitectos es hacer lo que él hace tan bien: vender necesidades para recibir encargos. Integrarse o vender.

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1 Jaume Prat la ha explicado bastante detalladamente en este post de su blog.